Reportajes

Inteligencia artificial desde el sur de Chile: la transformación que ya comenzó

La inteligencia artificial está modificando la forma en que trabajamos, estudiamos, producimos y tomamos decisiones. En regiones como Los Lagos, Los Ríos, Aysén y Magallanes, su desarrollo puede fortalecer la agricultura, la acuicultura, el turismo, la educación y los servicios públicos. Sin embargo, para que esta revolución tecnológica beneficie realmente al territorio, será necesario enfrentar las brechas de conectividad, capacitación y acceso. En este escenario, organizaciones como la Asociación Chilena de Inteligencia Artificial para el Desarrollo Sostenible, ACHIADS, buscan impulsar una adopción responsable, descentralizada y vinculada con las necesidades reales de las comunidades.

Diego Eduardo Gallegos Almonacid - Director de Comunicaciones de la Asociación Chilena de Inteligencia Artificial para e · 12/08/2026 21:31
Inteligencia artificial desde el sur de Chile: la transformación que ya comenzó
De una tecnología distante a una herramienta cotidiana

Durante muchos años, la inteligencia artificial fue presentada como una tecnología perteneciente al futuro. Se hablaba de máquinas capaces de pensar, robots autónomos y sistemas que algún día podrían realizar tareas humanas. Sin embargo, ese futuro llegó silenciosamente y hoy forma parte de nuestra vida cotidiana.

Cada vez que una aplicación recomienda una ruta, un teléfono reconoce una voz, una plataforma propone una película, un banco detecta una operación inusual o un programa corrige automáticamente un texto, existe algún tipo de inteligencia artificial participando en el proceso.

La gran transformación se hizo más visible con la aparición de la inteligencia artificial generativa: sistemas capaces de producir textos, imágenes, sonidos, videos, análisis de datos y código informático. Esto permitió que una tecnología antes reservada para universidades, grandes compañías y centros de investigación llegara directamente a trabajadores, estudiantes, profesionales, emprendedores y pequeñas empresas.

Chile ha avanzado rápidamente en esta materia. El Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial 2024, elaborado con participación de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, ubicó al país en el primer lugar regional, con 73,07 puntos de un máximo de 100. Además, Chile cuenta con una Política Nacional de Inteligencia Artificial y un plan de acción compuesto por 177 iniciativas coordinadas por 14 ministerios.

Sin embargo, una posición destacada en los indicadores nacionales no significa que la transformación esté ocurriendo de la misma manera en todos los territorios.

La inteligencia artificial también debe pensarse desde las regiones

Cuando se habla de inteligencia artificial en Chile, la conversación suele concentrarse en Santiago, las grandes empresas, las universidades tradicionales y los centros tecnológicos de la zona central. Esta visión resulta incompleta.

El sur de Chile posee características productivas, geográficas, culturales y ambientales que requieren soluciones propias. Los desafíos de una comunidad rural de Chiloé, una empresa acuícola de Puerto Montt, un establecimiento educacional de Purranque o un emprendimiento turístico de la Patagonia no son necesariamente los mismos que enfrenta una organización ubicada en la capital.

La verdadera descentralización tecnológica no consiste solamente en permitir que las regiones utilicen herramientas creadas en otros lugares. También implica desarrollar capacidades locales para identificar problemas, construir soluciones y decidir cómo debe aplicarse la tecnología.

La inteligencia artificial puede convertirse en una oportunidad histórica para el sur, pero su éxito dependerá de que sea incorporada de acuerdo con la realidad territorial y no como una receta uniforme.

Agricultura y ganadería más precisas

En regiones como Los Ríos y Los Lagos, donde la agricultura y la ganadería tienen una presencia fundamental, la inteligencia artificial puede apoyar decisiones que anteriormente dependían exclusivamente de la experiencia acumulada y de la observación directa.

Mediante sensores, imágenes satelitales, estaciones meteorológicas y análisis automatizado de información, actualmente es posible anticipar enfermedades, identificar variaciones en el suelo, estimar rendimientos, detectar problemas de alimentación animal y utilizar con mayor precisión el agua, los fertilizantes y otros recursos.

Esto no significa reemplazar el conocimiento de agricultores y productores. Por el contrario, la tecnología puede complementar una experiencia profundamente vinculada con el territorio.

El desafío será evitar que estas herramientas queden disponibles únicamente para las grandes empresas. Si los pequeños agricultores no cuentan con conectividad, financiamiento, asistencia técnica y capacitación, la inteligencia artificial podría aumentar la distancia entre quienes pueden modernizar sus procesos y quienes permanecen excluidos.

Acuicultura y protección de los ecosistemas

La salmonicultura, la mitilicultura, la pesca artesanal y otras actividades relacionadas con el mar forman parte esencial de la economía del sur austral. En estos sectores, la inteligencia artificial puede analizar información sobre temperatura del agua, oxígeno, corrientes, alimentación, comportamiento de los peces, presencia de enfermedades y condiciones ambientales.

Los modelos predictivos pueden advertir cambios que requieren una intervención temprana. La visión computacional puede apoyar la inspección de instalaciones y especies. Los sistemas automatizados pueden contribuir a una alimentación más eficiente y disminuir pérdidas o impactos innecesarios.

No obstante, la eficiencia productiva no debe ser el único objetivo.

En un territorio caracterizado por ecosistemas frágiles, la inteligencia artificial también debe utilizarse para fortalecer la fiscalización, la transparencia y el monitoreo ambiental. Una tecnología verdaderamente sostenible no se limita a producir más: ayuda a producir mejor, prevenir daños y entregar información confiable a las comunidades.

Aquí aparece una de las discusiones más importantes para el futuro del sur de Chile: quién controla los datos ambientales, quién interpreta sus resultados y qué participación tienen los habitantes de los territorios en las decisiones que se adoptan.

Turismo, patrimonio y emprendimientos locales

La inteligencia artificial también está modificando el turismo. Un pequeño alojamiento puede utilizarla para responder consultas, traducir información, organizar reservas, analizar temporadas y crear contenidos para sus plataformas digitales.

En destinos como Chiloé, la Carretera Austral, la cuenca del lago Llanquihue o la Patagonia, estas herramientas pueden facilitar la difusión internacional y ayudar a diseñar experiencias personalizadas.

Sin embargo, automatizar la promoción de un destino no debe significar uniformar su identidad.

La historia local, las tradiciones, el patrimonio cultural, los conocimientos de los pueblos originarios y las experiencias de las comunidades no pueden reducirse a contenidos producidos automáticamente. La tecnología debe servir para preservar y comunicar esa identidad, no para reemplazarla con descripciones genéricas o representaciones inexactas.

Utilizada de manera responsable, la IA puede permitir que pequeños emprendimientos compitan en mejores condiciones. Utilizada sin criterio, puede producir desinformación, apropiarse de expresiones culturales o transformar los territorios en simples productos digitales.

Educación: oportunidades y nuevas desigualdades

En escuelas, liceos, institutos y universidades del sur de Chile, estudiantes y docentes ya utilizan herramientas de inteligencia artificial, aunque muchas instituciones todavía no cuenten con normas claras para hacerlo.

Estas plataformas pueden adaptar explicaciones, preparar materiales, apoyar a estudiantes con necesidades educativas, facilitar traducciones, generar ejercicios y reducir ciertas tareas administrativas. También pueden acercar conocimientos especializados a localidades alejadas de los principales centros urbanos.

Pero la misma tecnología que amplía el acceso al conocimiento puede profundizar las desigualdades.

Un estudiante con conexión estable, computador propio y orientación adecuada tendrá mayores posibilidades de beneficiarse que otro que depende de una señal móvil intermitente o de un dispositivo compartido. Además, obtener una respuesta automática no equivale a comprender un tema.

La educación deberá avanzar desde la prohibición o el entusiasmo sin límites hacia una alfabetización crítica. Los estudiantes necesitan aprender a verificar datos, identificar errores, proteger su información, reconocer contenidos manipulados y utilizar la inteligencia artificial sin abandonar la lectura, el razonamiento y la elaboración personal.

El desafío no es formar jóvenes que simplemente sepan utilizar una aplicación. Es formar personas capaces de pensar con autonomía en un entorno donde muchas respuestas serán producidas por máquinas.

Salud y servicios públicos en territorios extensos

La distancia geográfica continúa siendo una dificultad para numerosas comunidades del sur austral. En este contexto, la inteligencia artificial puede apoyar la telemedicina, la gestión de listas de espera, el análisis de exámenes, la priorización de atenciones y el seguimiento de pacientes.

También puede facilitar la tramitación de documentos, ordenar información municipal, detectar necesidades sociales y mejorar la respuesta de los organismos públicos.

Sin embargo, en salud, justicia, educación o beneficios sociales, una decisión automatizada puede afectar directamente los derechos de una persona. Por esta razón, los sistemas deben ser transparentes, supervisados y evaluados de manera permanente.

La inteligencia artificial puede apoyar una decisión profesional, pero no debería convertirse en una autoridad imposible de cuestionar. Las personas deben saber cuándo intervino un sistema automatizado, qué información utilizó y cómo solicitar una revisión humana.

Trabajo: más transformación que desaparición inmediata

Una de las mayores preocupaciones relacionadas con la inteligencia artificial es la posible pérdida de empleos. Este riesgo existe, especialmente en labores administrativas, repetitivas y predecibles. No obstante, el cambio más inmediato probablemente será la transformación de los puestos de trabajo.

Un contador podrá automatizar la clasificación de documentos, pero seguirá siendo responsable de interpretar la información. Un periodista podrá utilizar herramientas para transcribir una entrevista, pero deberá comprobar los hechos y responder por lo publicado. Un programador podrá generar partes de un sistema, pero necesitará revisar su seguridad y funcionamiento.

En el sur de Chile, muchos empleos combinan conocimiento técnico, experiencia práctica, relación humana y comprensión del entorno. Estas dimensiones son difíciles de reemplazar completamente.

La principal diferencia podría establecerse entre quienes aprendan a integrar responsablemente estas herramientas y quienes no tengan acceso a formación. Por eso, la capacitación no puede limitarse a profesionales de informática. Debe alcanzar a docentes, funcionarios, trabajadores, agricultores, emprendedores, dirigentes sociales y pequeñas empresas.

La brecha de conectividad sigue siendo decisiva

No puede existir una estrategia seria de inteligencia artificial sin infraestructura digital.

Los proyectos de Fibra Óptica Austral y las troncales terrestres de Los Lagos y Aysén han fortalecido la infraestructura del extremo sur. No obstante, disponer de una red troncal no garantiza automáticamente una conexión estable y económicamente accesible en cada hogar, escuela, isla o sector rural.

La geografía austral plantea dificultades particulares: grandes distancias, baja densidad poblacional, archipiélagos, condiciones climáticas adversas y altos costos de despliegue.

Si la conectividad continúa siendo desigual, también será desigual el acceso a la educación digital, al trabajo remoto, a la telemedicina y a las nuevas oportunidades económicas. Antes de preguntarnos qué tan avanzada será la inteligencia artificial, debemos preguntarnos quiénes podrán utilizarla efectivamente.

Riesgos que requieren una respuesta regional

La inteligencia artificial no es neutral. Aprende a partir de datos y decisiones humanas, por lo que puede reproducir errores, prejuicios y desigualdades.

Un sistema entrenado principalmente con información de grandes ciudades podría comprender de manera insuficiente las realidades rurales y australes. También puede representar incorrectamente expresiones lingüísticas, costumbres, localidades, pueblos originarios o actividades productivas del sur.

A esto se suman la difusión de noticias falsas, las imágenes manipuladas, la suplantación de identidad, los fraudes, la exposición de datos personales y la dependencia de plataformas extranjeras.

Chile está discutiendo una regulación de los sistemas de inteligencia artificial. El proyecto ingresó al Congreso en mayo de 2024 y avanzó al Senado durante 2025. El desafío regulatorio consiste en proteger derechos fundamentales sin impedir la investigación, el emprendimiento y el desarrollo de soluciones útiles.

Desde las regiones también debemos participar en esta discusión. No basta con que las reglas sean diseñadas únicamente desde los grandes centros políticos y económicos.

ACHIADS y una inteligencia artificial para el desarrollo sostenible

En este escenario adquiere relevancia el trabajo de la Asociación Chilena de Inteligencia Artificial para el Desarrollo Sostenible, ACHIADS.

Su orientación plantea una pregunta esencial: no solamente qué puede hacer la inteligencia artificial, sino para qué y para quiénes debe utilizarse.

Hablar de inteligencia artificial para el desarrollo sostenible significa vincular la innovación con el bienestar social, la protección ambiental, la educación, la inclusión y el fortalecimiento de las economías regionales. Significa también promover colaboración entre profesionales, instituciones educativas, empresas, organizaciones sociales y comunidades.

ACHIADS puede contribuir a acercar esta conversación a los territorios, fomentar la formación, impulsar proyectos responsables y demostrar que la innovación también puede surgir desde el sur de Chile.

El país necesita organizaciones capaces de conectar el conocimiento técnico con las necesidades humanas y ambientales. Una inteligencia artificial concentrada exclusivamente en aumentar ganancias será insuficiente para enfrentar los desafíos actuales. El verdadero progreso deberá medirse también por su capacidad para reducir desigualdades, proteger ecosistemas y mejorar la vida de las personas.

El futuro: utilizar inteligencia artificial o construirla desde el territorio

Durante los próximos años veremos sistemas más autónomos, asistentes digitales especializados, diagnósticos predictivos, procesos industriales inteligentes y una creciente integración de la IA en dispositivos cotidianos.

El sur de Chile tiene dos caminos posibles.

El primero es convertirse únicamente en consumidor de tecnologías desarrolladas lejos de su realidad. El segundo es formar talento, producir conocimiento, utilizar datos locales y crear soluciones diseñadas para sus propios desafíos.

Para avanzar por este segundo camino se requiere mejorar la conectividad, apoyar la investigación regional, fortalecer la enseñanza tecnológica, financiar emprendimientos y construir alianzas entre universidades, empresas, municipios y comunidades.

También se necesita una mirada crítica. No toda automatización representa progreso y no todo problema requiere inteligencia artificial. La tecnología debe aplicarse cuando aporte una solución real, demostrable y respetuosa de los derechos de las personas.

La pregunta que definirá el futuro no será si la inteligencia artificial llegará al sur de Chile, porque ya llegó. La verdadera pregunta será si tendremos la capacidad de orientarla hacia un desarrollo más justo, descentralizado y sostenible.

El desafío es enorme, pero también lo es la oportunidad. Si el sur logra combinar su conocimiento territorial, sus capacidades humanas, su riqueza natural y las nuevas herramientas digitales, podrá dejar de observar la transformación tecnológica desde la distancia y comenzar a protagonizarla.