Durante los últimos años aprendimos a conversar con la inteligencia artificial. Le pedimos que redactara correos, resumiera documentos, analizara información, generara imágenes o explicara conceptos complejos.
Pero estamos entrando en una nueva etapa.
La inteligencia artificial está pasando de responder instrucciones a ejecutar tareas completas. A estos sistemas se les conoce como agentes de inteligencia artificial.
Un asistente tradicional puede indicarnos cómo organizar un viaje. Un agente, en cambio, podría comparar alternativas, revisar fechas, construir un itinerario, preparar el presupuesto y solicitar nuestra autorización antes de realizar una reserva.
En una empresa, un agente podría revisar inventarios, detectar productos con bajo stock, preparar una orden de compra, notificar al responsable y registrar la operación en el sistema.
La diferencia parece pequeña, pero es enorme:
La IA generativa produce contenido. La IA agéntica persigue objetivos, utiliza herramientas y coordina acciones.
¿Significa que trabajará de manera autónoma?
No necesariamente.
Un agente de IA recibe un objetivo general, divide el trabajo en etapas, consulta fuentes, utiliza aplicaciones y verifica si está avanzando hacia el resultado esperado. Sin embargo, su autonomía debe tener límites.
Puede equivocarse, interpretar incorrectamente una instrucción, utilizar información incompleta o ejecutar una acción que produzca consecuencias inesperadas.
Por esta razón, la verdadera innovación no consiste en eliminar a las personas del proceso, sino en diseñar una colaboración adecuada entre seres humanos y sistemas inteligentes.
La IA puede preparar, analizar, comparar y recomendar. Las decisiones sensibles deben mantenerse bajo responsabilidad humana.
¿Cómo podría impactar a las empresas chilenas?
Para las grandes compañías, estos sistemas permitirán coordinar procesos que actualmente involucran diferentes plataformas y equipos.
Pero la transformación puede ser todavía más significativa para las pequeñas y medianas empresas.
Una pyme podría disponer de agentes especializados para:
Responder consultas frecuentes de clientes.
Preparar cotizaciones y hacer seguimiento comercial.
Clasificar facturas y documentos.
Detectar diferencias en inventarios.
Analizar ventas y proyectar demanda.
Organizar agendas y recordatorios.
Identificar fallas operacionales.
Elaborar reportes para apoyar decisiones.
La OCDE advierte que la inteligencia artificial ofrece importantes oportunidades para aumentar la productividad y la innovación de las pymes. Sin embargo, también identifica una brecha persistente entre las empresas pequeñas y las grandes debido a diferencias de conectividad, financiamiento, competencias digitales y acceso a datos.
Esto significa que la tecnología por sí sola no garantiza igualdad de oportunidades.
Una empresa que automatiza un proceso desorganizado puede terminar realizando sus errores con mayor rapidez. Antes de incorporar agentes será necesario ordenar la información, definir responsabilidades y establecer controles.
Un desafío especialmente importante para las regiones
En los territorios, los agentes de IA podrían ayudar a superar barreras relacionadas con la distancia, la escasez de especialistas y la limitada capacidad administrativa.
En el sur de Chile podrían apoyar el monitoreo de cultivos, la gestión acuícola, la coordinación logística, el turismo, la atención municipal, el análisis ambiental y la administración de pequeños emprendimientos.
Imaginemos un agente que analice datos meteorológicos, condiciones del suelo e información histórica para advertir a un agricultor sobre un riesgo productivo.
O un sistema que revise indicadores ambientales en centros acuícolas y alerte oportunamente sobre cambios que requieren intervención.
También podría ayudar a una municipalidad pequeña a clasificar solicitudes ciudadanas, detectar urgencias y preparar antecedentes, sin reemplazar la decisión del funcionario responsable.
Estas posibilidades son reales, pero requieren conectividad, formación y soluciones adaptadas al territorio. No basta con instalar herramientas desarrolladas desde realidades completamente distintas.
Las regiones no deben convertirse solamente en consumidoras de inteligencia artificial. También necesitan participar en su diseño, evaluación y gobernanza.
El trabajo cambiará, pero las capacidades humanas seguirán siendo esenciales
La discusión sobre inteligencia artificial suele reducirse a una pregunta: “¿Cuántos empleos desaparecerán?”.
La realidad es más compleja.
El Future of Jobs Report 2025 del Foro Económico Mundial estima que cerca del 40 % de las habilidades requeridas en los trabajos cambiarán hacia 2030. La IA y el análisis de datos estarán entre las competencias con mayor crecimiento, pero también aumentará la importancia del pensamiento creativo, la resiliencia, la colaboración y la capacidad de adaptación.
Los agentes podrán asumir partes de un trabajo, especialmente aquellas repetitivas, administrativas o predecibles. Sin embargo, seguirán necesitando personas capaces de:
Definir objetivos correctamente.
Evaluar la calidad de los resultados.
Comprender el contexto.
Resolver situaciones imprevistas.
Comunicarse con otras personas.
Asumir responsabilidad por las decisiones.
Reconocer cuándo no corresponde utilizar IA.
La competencia profesional del futuro no será solamente saber utilizar una plataforma. Será comprender qué podemos delegar, qué debemos supervisar y qué nunca deberíamos entregar completamente a una máquina.
Los riesgos de permitir que la IA actúe
Cuando una inteligencia artificial únicamente redacta un texto, un error puede corregirse antes de publicarlo. Cuando tiene acceso a sistemas, documentos, clientes o recursos financieros, el riesgo aumenta considerablemente.
Por eso, toda organización debería definir:
Qué acciones puede realizar el agente.
A qué información puede acceder.
Qué operaciones necesitan autorización humana.
Cómo quedará registrado lo que hizo.
Quién responderá frente a un error.
Cómo se protegerán los datos personales y confidenciales.
No deberíamos confundir autonomía tecnológica con ausencia de responsabilidad.
Mientras más capacidad tenga un agente para actuar, mayores deben ser la trazabilidad, la seguridad y la supervisión.
La posición de ACHIADS
Desde la Asociación Chilena de Inteligencia Artificial para el Desarrollo Sostenible, ACHIADS, consideramos que la evolución hacia sistemas más autónomos debe estar acompañada por una reflexión ética, social, productiva y ambiental.
La pregunta no puede limitarse a:
“¿Qué tareas puede ejecutar la inteligencia artificial?”
También debemos preguntarnos:
“¿Qué problemas vale la pena resolver, quiénes recibirán los beneficios y quién asumirá las consecuencias?”
Chile necesita avanzar en alfabetización digital, formación profesional, ciberseguridad, protección de datos y desarrollo de soluciones regionales. También requiere una colaboración más estrecha entre empresas, universidades, instituciones públicas, organizaciones sociales y comunidades.
La inteligencia artificial puede mejorar la productividad, democratizar capacidades y acercar servicios a territorios históricamente postergados. Pero también puede concentrar poder, aumentar brechas y automatizar decisiones injustas si se implementa sin criterios adecuados.
El futuro no será completamente automático
Los agentes de IA representan uno de los cambios tecnológicos más importantes de esta década. Probablemente comenzarán como asistentes especializados y progresivamente se integrarán en empresas, servicios públicos y actividades cotidianas.
Pero el futuro no debería construirse eliminando a las personas del proceso.
Debería construirse utilizando la capacidad de las máquinas para ampliar el conocimiento, reducir tareas repetitivas y ayudarnos a tomar mejores decisiones, manteniendo siempre el criterio, la responsabilidad y el propósito en manos humanas.
La inteligencia artificial ya no solo responde.
Ahora también puede actuar.
Nuestra responsabilidad será enseñarle hasta dónde puede llegar.
Reportajes
La IA ya no solo responde: ahora también actúa
El surgimiento de los agentes de inteligencia artificial podría transformar profundamente la manera en que trabajamos. El desafío para Chile será aprovecharlos sin entregarles decisiones que requieren criterio, responsabilidad y supervisión humana.
